lunes, septiembre 05, 2016

Chicas de calendario. La irreductible Jane.


Esta gran señora me produce una admiración infinita y un tremendo respeto, de hecho es la única de mis chicas de calendario que no es una fantasía o que ha pasado a mejor vida, Jane Goodall está entre nosotros y más viva que nunca, de hecho hace unos meses en Madrid dio una lección de dignidad y lucidez a quienes tuvieron la suerte de escucharla.
Jane Goodall nació en 1934 en Londres y la mayor parte de sus 82 años los ha pasado en África luchando por los derechos de los animales, principalmente de los chimpancés. Es primatóloga y antropóloga y posee todos los premios habidos y por haber.

Ya desde niña, en un Londres arrasado por las bombas, descubrió su amor por los animales mientras daba la brasa a los adultos asegurando que viviría de mayor en Africa rodeada de estos. Tras una durísima posguerra y sin formación científica alguna, Jane decide embarcarse a los 23 años rumbo a Kenia para cumplir su sueño de niña. Allí tenía un amigo que le presentó al famoso paleontólogo Louis Leakey. Después de mantener varias charlas sobre la vida animal Leakey intuyó que tenía ante sí un verdadero filón, una joven sin estudios ni experiencia pero con una pasión contagiosa y unas ganas de trabajar inabarcables. Durante 1957 la tuvo a su lado como secretaria y al año siguiente la envió a Londres a estudiar conducta y anatomía de los primates. En 1960 volvió a África y Leakey, tras recaudar fondos, le marcó su destino con una propuesta que no podría rechazar, ir a estudiar simios al Parque nacional de Gombe Stream en Tanzania. Muy satisfecho con su trabajo, el bueno de Leakey volvió a recoger pasta gansa para su pupila y en 1962 la facturó de nuevo a Gran Bretaña, esta vez estudiaría en la Universidad de Cambridge, donde -sin titulación universitaria previa- consiguió el doctorado en etología. 

Los descubrimientos de Goodall en Gombe supusieron un vuelco entre la comunidad científica porque no se vieron contaminados por abrumadores conocimientos técnicos ni por un academicismo trasnochado  -recordemos que no tenía carrera universitaria- así que sus observaciones fueron limpias y naturales, observaba a sus monos como quien vigila a un bebé y sus reacciones, les puso nombre y anotaba las diferentes personalidades de cada uno, sus emociones y unas conductas muy “humanas” como abrazos, palmadas y cosquillas. También descubrió otras acciones humanas como una agresividad innata en los chimpancés. En definitiva, sus estudios supusieron un salto cualitativo en los conocimientos sobre la conducta de los simios demostrando que los parecidos entre humanos y primates no se pueden reducir a lo genético, también nos acercan las emociones o las relaciones familiares y sociales.

Jane Goodall es admirada y reconocida en todo el mundo, a su talento innato como divulgadora hay que añadir el apoyo que le prestó desde el principio National Geographic financiando sus investigaciones y que la dio a conocer por medio de artículos, documentales y libros. A destacar también los Institutos Jane Goodall, con sede en 19 países, cuya labor es proteger a los chimpancés y sus hábitats.

Actualmente, a pesar de su edad, Goodall viaja constantemente difundiendo sus conocimientos y dando conferencias por todo el planeta intentando concienciar sobre lo decisivo de impedir la deforestación, frenar el crecimiento imparable de la población para hacer de éste un mundo sostenible y acabar con la pobreza. Sus mayores admiradores son los jóvenes y eso es ya motivo de esperanza.
Para acabar os voy a poner un video emocionante, es la liberación de una chimpancé en el Congo y a mi se pone la carne de gallina cada vez que lo veo. Casi al borde de la muerte, Wounda, que es como se llama la mona, fue recogida después de que unos furtivos mataran a sus padres. Siempre he pensado que quien maltrata a los animales es capaz de lo peor también con sus semejantes humanos y por ende quien cuida y protege a los animales debe empatizar más fácilmente con las personas que le rodean. Contemplando este abrazo entre Jane Goodall y Wounda pienso que podría simbolizar el imprescindible respeto que debemos a todos los seres vivos de este planeta. A quien no le hubiera gustado ser un mono durante unos instantes para abrazarse a Jane Goodall, esa mujer todo amor y humanidad, a mi me hubiera encantado.







miércoles, agosto 24, 2016

Chicas de calendario. La maravillosa Alicia.


Todos conocéis la historia de Alicia en el País de las Maravillas, aunque curiosamente, casi nadie ha leído el libro. Este es un caso, como el Quijote, de fábula archiconocida, que se ha divulgado durante décadas por medio del cine y la televisión, del cómic, de la pintura e ilustración, del teatro, de la ópera y hasta de los videojuegos. Así que como la trama es muy sabida no voy a contarla y me voy a centrar en su creador, Lewis Carroll y la relación que mantuvo con la musa inspiradora de su obra, Alice Liddell. 
Carroll (1832-1898) fue profesor en la Universidad de Oxford, diácono, matemático y uno de los pioneros de la fotografía. Era más inglés que el té de las cinco y un reprimido del copón. Imaginaos la escena; en ese ambiente victoriano tan elegante y puritano, rodeado de los magníficos jardines de Oxford, el bueno de Lewis pasa sus tardes en la librería de la universidad ante una buena chimenea encendida. Sin embargo no se dedica solo a repasar tratados matemáticos, se distrae a diario contemplando aturdido a tres niñas que juegan en un jardín del vecindario que además no son unas desconocidas, las tres son hijas del decano de la facultad donde ejerce. Según desvelan sus diarios, cartas y fotografías, estaba obsesionado con las niñas, parece que las sospechas de perversión son reales, aunque nunca pasó de ser un amor enfermizo, nada se sabe de algo parecido al abuso sexual. Dada la imaginación y el talento de Lewis Carroll mejor no imaginar que podría haber hecho 150 años después con medios como internet en sus manos.
Se tiene constancia que hizo cientos de fotografías a las pequeñas, sobre todo a Alice, su favorita. Todo lo demás es especulación; que si llegó a pedir la mano de Alice, que si era un pedófilo reprimido, que si se ponía hasta arriba de opio.

Lo cierto es que este hombre extraño nos dejó una obra universal, un cuento que anticipaba al mismísimo surrealismo, lleno de paradojas y dobles sentidos, con códigos ocultos e interpretaciones aún por resolver. A primera vista parece un cuento infantil, con una niña como protagonista pero en una lectura detenida de ‘Alicia en el País de las Maravillas’ se pueden extraer reflexiones más profundas como una crítica a las costumbres de la época (ese sombrerero loco y su eterno té de las seis), su preocupación por la educación (las dudas de Alicia sobre su identidad) o el rechazo a la intolerancia (La Reina de Corazones gobierna mediante un despotismo infame).

Me gusta mucho ese mundo absurdo donde un gato de Cheshire aparece y desaparece, Alicia crece y empequeñece, personajes cambian de forma y todo parece un delirio repleto de personajes extravagantes como el Dodo, la liebre de marzo, la oruga que fuma narguile, el sombrerero loco, el conejo blanco…

Hasta ahora no me había dado cuenta pero las historias de Tutticonfetti están en deuda con esta aventura maravillosa de Alicia; mundos paralelos donde mis personajes buscan otra realidad: una sirena en lata a punto de ser devorada; una escalera con la que, si tienes un mal día, se alcanzan la nubes o una vaca con alas. Por esto y mucho más adoro esta fábula universal y a pesar de las rarezas de su autor hay que reconocer su enorme valor literario. En fin, como se dice en estos casos, Lewis Carroll murió hace mas de un siglo pero su legado permanece y su Alicia quedará para siempre ya como un mito de la cultura universal.


lunes, julio 25, 2016

Una niña para cambiar el mundo


En este mundo tan cruel con los que menos poseen, donde los mediocres abusan de los más débiles, con una Europa cada día más lejos de los lemas de la Revolución Francesa, donde las injusticias y horrores que quedan fuera de nuestras fronteras son ninguneadas sin rubor y donde los derechos de las millones de mujeres son cada día pisoteados aparece de vez en cuando un rayo de esperanza.
Hace mucho tiempo que tengo la convicción de que si el mundo tiene alguna posibilidad de avanzar, de civilizarse, de mejorar, va a ser de la mano de las mujeres y no me cabe duda de que uno de los personajes más determinantes de este convulso siglo XXI es una mujer, casi una niña, conocida por todos como Malala.
Malala Yousafzai nace en Mingora (Pakistán) en 1997 en el valle del río Swat, región amenazada por los talibanes. El padre de Malala, profesor y activista político le inculcó desde pequeña los valores de la educación y la igualdad. Esta es la breve historia de una niña fuera de lo común.
Son momentos difíciles en Pakistán, los talibanes controlan amplias zonas del país donde han prohibido la música, la televisión y la educación de las niñas llegando a volar más de un centenar de escuelas en la región. 
En 2008 el responsable de la BBC en Urdu decide buscar algún estudiante que relatara de forma anónima las condiciones de vida bajo los talibanes. Con 12 años Malala comienza a escribir un blog para la BBC describiendo sus vivencias bajo la ocupación de los integristas. Un año después un periodista del New York Times realiza un documental sobre su vida, luego vienen las entrevistas, la televisión, etc. Esta atención  mediática la pone en el punto de mira de los talibanes, que la amenazan de muerte.
El 9 de octubre de 2012 en Mingora, un grupo de talibanes aborda el autobús escolar donde viaja Malala y dispara sobre ella dejándola gravemente herida junto a otras dos estudiantes. Es trasladada a un hospital militar y unos días después a Reino Unido para que siga su recuperación. Se teme por su vida pero tras varios meses de rehabilitación y ante la admiración de los médicos se recupera y es dada de alta, poco después ingresa en la escuela secundaria británica. 
Después le llegaron los reconocimientos internacionales y premios como el Nobel de la Paz en 2014, encuentros con líderes mundiales y publicación de libros, sin embargo para ella el día más feliz de su vida fue cuando pudo volver al colegio: "Un niño, un maestro, un libro, un lápiz pueden cambiar el mundo”, dijo en su intervención en una asamblea de las Naciones Unidas.
Iba a decir que Malala debería ser un ejemplo, pero no, creo que su valentía y su fuerza queda lejos de la mayoría de nosotros, me conformaría con que fuera una inspiración para dar a entender que en ocasiones el débil vence al fuerte y que es posible alcanzar objetivos más modestos que el de la joven pakistaní perseverando y luchando contra las pequeñas injusticias del día a día.
Ahora Malala, amenazada ya de por vida por los talibanes, se refugia en el Reino Unido, esa nación que acogió durante décadas a otros perseguidos como Salman Rushdie y que ahora encabeza una inquietante corriente europea de miedo al diferente, que quiere salir de Europa arrastrando quizás a otros países en su deriva y que nos lleva a recordar épocas oscuras y terribles que sucedieron no hace tanto tiempo en nuestro “civilizado” continente.
Para terminar y sacudirnos de perspectivas tan poco halagüeñas nada mejor que dejar hablar a la propia Malala en la ONU en 2013:


“El 9 de octubre de 2012 los talibanes me dispararon en la cabeza. Dispararon también a mis amigos, pensaron que con sus balas nos callarían para siempre, pero fracasaron. De ese silencio surgieron miles de voces, los terroristas pensaron que cambiarían mis objetivos y detendrían mis ambiciones pero nada ha cambiado en mi vida, excepto esto: la debilidad, el miedo, la desesperanza murieron para siempre, nacieron la fuerza, el poder y el coraje». 



jueves, junio 30, 2016

Chicas de calendario. La rebelde Pippi.


Empiezo por confesar que a casi todas las niñas de mi generación nos hubiera encantado parecernos a Pippi Langstrump. En aquella España casposa de finales de los setenta no abundaban los cantos a la rebeldía y aquella niña fascinante llegada de Suecia nos dejó a muchos sentados frente a la pantalla mientras nos merendábamos las "delicatessen" del momento, a saber: pan con aceite y chocolate, pan con aceite y sal, pan con plátano... ahora se la llamaría dieta milagro o algo por el estilo porque es un milagro que cumpliéramos los 10 años comiendo todos los días pan a dos carrillos. 
Realmente los libros de Astrid Lindgren no eran conocidos por aquí pero si fue muy popular la serie de televisión basada en sus textos, afortunadamente pasó la censura de la época y sin duda su emisión supuso un punto y aparte en la programación infantil de TVE, ya no iba a ser todo sufrir con las desventuras de la desgraciada Heidi o el llorica Marco, por no mencionar a la lacrimógena familia de 'La casa de la pradera'. Por fin llegaba a nuestras aburridas existencias en blanco y negro una verdadera heroína, una transgresora e independiente niña venida del norte de Europa que poseía una fuerza descomunal, transmitía una alegría desbordante y siempre hacia lo que le daba la real gana.

Pippi Calzaslargas, como se la conoció en España, era una mocosa de nueve años, pelirroja de trenzas tiesas, huérfana de madre y con un padre dedicado al pirateo por los siete mares, que vivía sola en Villa Kunterbunt. Además poseía poderes mágicos, guardaba en casa un baúl repleto de monedas de oro, nunca iba a la escuela y siempre llevaba puesto un vestido hecho de retales y unas botas viejas. Toooodo era muy fascinante... pero para mi lo mejor, lo que convertía a Pippi en un ídolo al que adorar y a mi en una pequeña fanática de sus aventuras, capaz de arrastrarse por el lodo por no perderse uno de sus episodios eran sus animales. Vivía en compañía de su inseparable mono tití, Señor Nilsson, con quien podía comunicarse y tramar todo tipo de gamberradas mientras se paseaba a lomos de Pequeño Tío, su caballo a lunares ¿que más podía pedir? ¡la vida de aquella sueca pecosa era maravillosa!
Además tenía un par de amigos, los hermanos Tommy y Annika, que se implicaban en todas sus aventuras y a pesar de ser bastante modositos, la admiraban hasta las trancas y quedaban deslumbrados con su descaro y su desafío continuo a la autoridad de los adultos.

La autora sueca Astrid Lindgren imaginó su personaje de Pippi Langstrump en 1944 básicamente para entretener a su hija Karin cuando enfermó de neumonía. En principio fue rechazada por una importante editorial sueca pero un año después ganó un concurso y se publicó con gran éxito. Según reconoció Lindgren la creación de Pippi, aunque destinada a un público infantil, significó para ella una válvula de escape, un ansia de libertad y de romper convenciones tras los duros años de la guerra.
También se convirtió en un modelo para el movimiento feminista, aquella niña tan independiente, inquieta y de carácter fue un espejo para la sociedad nórdica de los años cincuenta. Me gustaría pensar que también influyó en las niñas de mi quinta para hacernos mejores y ser hoy mujeres más solidarias y decididas, preocupadas por los animales y el medio ambiente, empáticas con los desfavorecidos y en definitiva más civilizadas y adaptadas a este siglo XXI.
Por todo ello y por salvarnos de muchas rancias tardes posfranquistas  ¡¡Gracias Pippi!!







martes, mayo 31, 2016

Chicas de calendario. La impulsiva Coco.


Ahí donde la veis Gabrielle Chanel, tan mona y arregladita, fue un verdadera revolucionaria de la moda, una auténtica rompedora -literalmente- ya que con su llegada rompió  corsés, ballenas y sombreros….la moda encorsetada del XIX dejó paso a la modernidad con Coco Chanel

Los orígenes marcan mucho -el mes pasado hablando de Virginia Woolf vimos que una infancia rodeada de luces aunque también con sus sombras la condicionó para siempre- el caso de la Chanel es similar, aunque solo desde las sombras más oscuras. Gabrielle Chanel nació en 1883 en un hospicio de Saumur (Francia), hija ilegítima de una campesina y un vendedor ambulante. Su madre murió cuando tenía doce años y su padre la abandonó en el hospicio de Obazine, vaya panorama. Inevitablemente creció odiando a su familia y en su vejez cuando era entrevistada inventaba un padre cosmopolita, mansiones de campo y una niñez regalada, ¡la imaginación al poder!

El rencor que le envenenaba también le proporcionó la fortaleza para salir adelante, cambiar su destino y lograr su meta más ambiciosa:  liberarse  de su pasado al mismo tiempo que liberaba a las mujeres de los convencionalismos de la belle époque. Interiorizó de tal manera su dura infancia que propuso convertir su humilde uniforme de orfelinato en referencia de la moda, increíble ¿no? Pues así nació el primer Chanel.

A los 21 años rompió con su pasado de forma radical, pasó de las húmedas habitaciones del hospicio a la calidez del castillo Royallieu, cerca de París, junto con el rico heredero Ettienne Balsan;  poco después la espabilada Coco se largó con Boy Capel, gran amigo de Balsan y también millonario. Capel no solo fue su amante, también su mecenas, Coco abrió en 1913 con su ayuda económica la primera boutique Chanel en Deauville, la ciudad más chic de Francia . Un año después estallaba la Primera Guerra Mundial y gran parte de la alta sociedad parisina se refugiaba allí, entonces empezó a vender como una descosida  su ropa ‘casual’,  prendas prácticas y ligeras que fueron un rotundo éxito. Coco consiguió la fama y algo que ansiaba aún más, independencia, dejar de ser una mantenida, devolvió a Capel toda la inversión y se convirtió en una de las primeras mujeres empresarias del siglo, sin ni siquiera imaginarlo Coco Chanel simbolizaba a la nueva mujer del siglo XX, en su ropa, en sus costumbres, en su carácter. Su carrera estaba lanzada y a aquella pequeña costurera nacida en un hospicio no la iba a parar ni Dios!!

En 1915 abrió una tienda en Biarritz -ciudad neutral durante la guerra- y frecuentada por ricachones de España y Francia, se hinchó a ganar dinero. En 1916 sus colecciones aparecían en la influyente revista Vogue, poco después empezó a vender en grandes tiendas de Estados Unidos. En 1918 abrió su casa de moda en París con más de 300 empleados, en 1921 creó su famosísimo perfume Chanel nº5, en los años 30 trabajó en el vestuario de varias películas de Hollywood y en 1935 su empresa llegó a contar con 4000 empleados.

Sin embargo todos estos triunfos profesionales no vinieron acompañados del éxito en lo personal. Boy Capel, ya casado con una aristócrata, que seguía siendo su amante y su gran amor, se mató en accidente de tráfico en 1919. Se consoló con el duque Dimitri de Rusia, aristócrata venido a menos, el rollo duró menos de un año, el libertino buscó dinero fácil en una millonaria norteamericana. Su siguiente conquista fue el hombre más rico de Europa, el duque de Westminster, que la dejó plantada en 1931, el noble británico buscaba un heredero y encontró un cuerpo más joven al que unirse. Coco tenía 48 años y estaba en la cumbre de su carrera. Un año después inició una pasional relación con el vasco Pablo Iribarnegaray, hubo planes de matrimonio, sin embargo en 1933 murió de un infarto, Coco Chanel, a sus 52 años, volvía a estar sola. Ninguna de sus relaciones acabó en matrimonio.
La guerra volvía a cernirse sobre Europa y Coco Chanel devastada por sus fracasos sentimentales y con la amenaza bélica a las puertas de Francia decidió cerrar sus tiendas, tuvo que despedir a más de 3000 empleadas. Durante la ocupación vivió en el hotel Ritz, sus posiciones políticas controvertidas y sus buenas relaciones con algunos jerarcas nazis ensombrecieron su imagen sin remedio y estuvo fuera de juego durante más de 15 años.


En 1954 volvió a la carga pero ya no era la animosa joven que levantó un imperio, era una solitaria  y vieja gloria que se dedicaba a lanzar dardos envenenados a otros modistos, a los homosexuales, a la minifalda… y después volvía su habitación del Ritz. Obtuvo algunos reconocimientos a su carrera pero su reputación nunca fue la de antaño, su público nunca perdonó sus devaneos con los alemanes durante la guerra.  En 1971 murió en París un mito del siglo XX, la impulsiva joven nacida en un jergón de un hospicio moría en una suite del Ritz de París, mientras tanto habían pasado 88 años de una vida apasionante.

Por cierto para quien no tenga todavía el calendario de las chicas Tutticonfetti 2016 AQUÍ os dejo el enlace de descarga.


martes, mayo 17, 2016

Quiero ser como Dorothy


Siempre he disfrutado del arte, sobre todo con la pintura y la fotografía, no soy una experta ni mucho menos pero desde que en el Instituto estudié Hª del Arte quedé para siempre enganchada a formas, colores, texturas, encuadres … De joven siempre iba sin un duro en el bolsillo, como la mayoría, pero alguna vez que dispuse de ahorrillos compré una pintura a la hermana de un amigo o una fotografía en un rastro, simplemente porque me gustaban, sin ningún afán más. Ahora pienso que a lo mejor se estaba forjando una coleccionista en ciernes sin embargo todo quedó en un intento porque otras prioridades me rascaron el bolsillo.

A mi parecer, el mundo del arte y del coleccionismo se pervierte cuando la prensa lo relaciona siempre con negocios e inversiones, cifras récord, subastas multimillonarias o coleccionistas estrafalarios. Sin embargo de vez en cuando surge una noticia sobre el tema que te reconcilia con la idea del ‘arte por el arte’. Os traigo la historia ejemplar de unos verdaderos apasionados por las bellas artes, una pareja de ancianos norteamericanos, Herbert y Dorothy Vogel que se convirtieron en los años 70 en unos de los mayores coleccionistas de arte contemporáneo del país. Y que tiene eso de especial os preguntaréis, serían unos potentados del petróleo o unos magnates de la construcción con el ‘riñón bien cubierto’… pues no, y aquí viene lo extraordinario de este relato, ambos eran unos humildes trabajadores, Herb empleado de correos y Dorothy bibliotecaria, que vivían en Nueva York. Después de casarse a principios de los 60 tomaron una decisión como poco atrevida, destinar el sueldo íntegro de Herb a la compra de arte mientras con el sueldo de su esposa afrontarían los gastos domésticos.

Aunque no tenían ninguna formación académica su buen gusto e intuición les llevó a adquirir obras que al pasar los años se cotizaron como de gran valor. Se centraron en comprar piezas de artistas jóvenes que empezaban a despuntar y principalmente obra minimalista y conceptual, otras corrientes en boga como el Pop-Art alcanzaban unos precios prohibitivos para la pareja.

Así, como quien compra en el supermercado de la esquina, los Vogel empezaron a acumular en su pequeño apartamento de Nueva York piezas artísticas. El proceso era el siguiente, no iban a subastas sino que conocían personalmente a muchos de los jóvenes artistas, iban a sus casas, observaban directamente el proceso creativo y luego les compraban lo que les gustaba siguiendo un criterio basado en la pura intuición, la única premisa era encontrar algo que les removiera por dentro y después, que la obra pudiera ser transportada en metro o taxi y que además cupiera en su pequeño apartamento de NY. Como veis, algo muy alejado del negocio del arte -que nunca les interesó- y mucho más cercano y familiar en todos los aspectos, de hecho llegaron a trabar un sólida amistad con algunos artistas como Sol LeWitt o Richard Tuttle.

En 1990 era tal la cantidad de piezas que acumulaban que entraron en el Top 200 del coleccionismo internacional. En 1992 decidieron donar su colección a la National Gallery of Art de Washington -museo público de entrada gratuita- continuando así su labor filantrópica. Al poco tiempo también se quedó pequeño para las más de 4000 piezas de los Vogel por lo que decidieron repartirlas por museos de todo el país, de modo que donarían 50 obras a museos de los 50 estados.
En los años 70 fueron portada de revistas y se les hizo algunas entrevistas pero pronto fueron olvidados hasta que en 2008 la realizadora estadounidense Megumi Sasaki filmó el documental “ Herb & Dorothy” y en 2013 su segunda parte  “ Dorothy & Herb 50 X 50”.


Creo que al caso excepcional de los Vogel les va como anillo al dedo aquello de que trabajaron por amor al arte y también vivieron por amor al arte. En una sociedad tan mercantilista y corrupta donde el afán de lucro mueve a la mayoría, la trayectoria de los Vogel es un ejemplo de vida. Solo puedo terminar diciendo que de mayor quiero ser como Dorothy.


jueves, abril 28, 2016

Chicas de calendario. La melancólica Virginia.


Está demostrado que el ambiente en que nace y se desarrolla un niño será determinante para entender su vida futura, los primeros  estímulos son fundamentales y aún más en personalidades creativas y sensibles, como en el caso de la escritora Virginia Woolf. La pequeña Amelia Virginia Stephen nació en 1882 en una familia acomodada aunque compleja -sus padres habían estado casados previamente y enviudado y había hijos de los tres matrimonios—. Su padre, Sir Leslie Stephen, fue novelista, ensayista y muchas otras cosas propias de los ‘sirs’ victorianos y su madre Julia llegó a ser modelo para pintores prerrafaelistas -lo más de lo más a finales del XIX-. Mientras tanto, por casa de los Stephen pasaba lo más granado de la “cultureta" británica: Alfred Tennyson, Thomas Hardy o Henry James eran visitantes habituales y aunque la joven Virginia no cursó estudios académicos como sus hermanos, si recibió clases particulares a la vez que disponía de la inmensa biblioteca paterna. Esta fue la herencia en positivo, la que le condujo a ser una gran escritora y una intelectual de primer nivel.

Sin embargo, ese entramado familiar también fue su perdición, uno de sus hermanastros abusó de ella y Virginia llevó siempre esa lacra sobre sí; poco después su madre murió, ella solo tenía trece años. Fueron golpes muy duros que le hicieron padecer crisis nerviosas y depresiones con regularidad. Unos años después, en 1905, fue su padre quien falleció, sumiéndola de nuevo en problemas psicológicos, se ha hablado incluso de que podía padecer un trastorno bipolar.
Paradójicamente la muerte del padre abrió un nuevo amanecer para Virginia ya que dejó la casa familiar y se trasladó con dos de sus hermanos al barrio londinense de Bloomsbury, donde en poco tiempo se convirtieron en los reyes del mambo. En el nº 46 de Gordon Square reunían todos los weekends a un grupo de marchosos que se lo pasaban en grande entre discusiones filosóficas, tazas de té y juegos dialécticos, ejem, estamos principios del siglo XX, majos, ¿que esperabais, sexo, drogas y rock & roll? Bueno, a decir verdad, de lo primero si disfrutaron, hubo relaciones sexuales libres y muy poco victorianas, ¡menos mal! Por allí pasaron intelectuales de la talla de Lytton Strachey, Dora Carrington, E.M. Forster, Bertrand Russell o el filósofo Wittgenstein, formando lo que quedó para la historia como el círculo de Bloomsbury y que para sus remilgados contemporáneos británicos fue un grupo amoral que prácticamente pasaban las noches haciendo botellón y organizando orgías, ¡que tiempos!

Poco después ingresó también en el selecto grupo el escritor Leonard Woolf, que en 1912 se casaría con Virginia, cuando ella tenía 30 años. Fue un matrimonio bien avenido incluso en lo profesional ya que ambos fundaron la editorial Hogarth Press, donde publicaría Virginia, pero también la obra de otros ilustres como Katherine Mansfield, T.S. Eliot o Freud.
Como ya he dicho, si algo caracterizó al grupo de Bloomsbury fue una postura nada pacata ante las relaciones sexuales, en 1922 Virginia lo experimentó sobre sus propias carnes dándose una alegría con la escritora y paisajista Vita Sackeville-West, un extravagante personaje de la alta sociedad. Realmente hay que decir que la relación entre ambas escritoras -casadas las dos- significó una gran pasión amorosa, que afortunadamente para nosotros lectores, sirvió de inspiración para una de sus obras más singulares, ‘Orlando’, protagonizada por un ser que no es hombre ni mujer y que cambia de género a la vez que surca los siglos. 

Otras obras destacables de Virginia Woolf son ‘La señora Dalloway’, ‘Las olas’ o ‘Al faro’ aunque me gustaría destacar su faceta de escritora comprometida, reivindicando el papel de la mujer escritora en su ensayo ‘Una habitación propia’.

En sus últimos años su enfermedad mental se agravó, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la destrucción de su casa de Londres empeoraron su salud. Ante los bombardeos constantes decidió junto a su marido marchar al campo y fue allí, en plena campiña inglesa, donde se suicidó en 1941, ahogándose en el río Ouse con los bolsillos llenos de piedras. Virginia Woolf tenía 59 años y había dejado una carta a su marido y otra a su hermana donde les contaba que temía enloquecer definitivamente.

Quizá son sus fotografías con mirada lánguida o el conocer estos terribles episodios depresivos que sufrió lo que nos conduce a tener esa imagen de Virginia Woolf como una mujer triste y sumida en la melancolía; sin embargo vivió una vida intensa, gozó de la fama literaria, se rodeó de buenos amigos y sucumbió a grandes pasiones amorosas, creo que tuvo una vida plena y fue feliz la mayor parte del tiempo y merece ser también recordada por ello.




miércoles, marzo 30, 2016

Chicas de calendario. La sufrida Frida


Que os voy a contar que no sepáis de esta extraordinaria mujer, una luchadora contra las adversidades, una verdadera superviviente. Para empezar es uno de esos casos en que su vida y su obra artística no se pueden entender independientemente, sus pinturas y sus poemas son su biografía.

Nació Frida Kahlo en Coyoacán (México) en los albores del siglo XX, concretamente en 1907. Su infancia no fue un cuento de hadas más bien una historia de terror. En 1913 contrajo una poliomielitis que le impidió llevar una niñez normal pasando largas temporadas en soledad. Años después sufriría un gravísimo accidente que marcó su vida para siempre, en 1925 un tranvía se empotró contra su autobús dejándola destrozada físicamente, las secuelas fueron tan graves que le obligó a someterse a multitud de operaciones y a padecer para siempre una salud precaria. 

Sin embargo Frida se levantó y se dijo aquello de que “pies para que os quiero si tengo alas para volar” y aprovechó su forzada inmovilidad para comenzar a pintar. Debía estar acostada así que le fabricaron un caballete especial y frente a un gran espejo comenzó a pintar lo  único que veía, a si misma. Por aquellos años Frida, influenciada por el nacionalismo revolucionario, comenzó a vestirse con las típicas faldas largas mexicanas, el moño trenzado con cintas de colores y pendientes precolombinos y así es como la podemos ver en muchos de sus cuadros y esa es la poderosa imagen icónica que nos dejó.

A finales de los años 20 conoció al famoso muralista Diego Rivera y empezó a relacionarse con la intelectualidad mexicana. En 1929 se casaron comenzando una relación tormentosa de choque de egos, infidelidades mutuas y autodestrucción.

En 1931 se trasladaron a Estados Unidos debido a varios encargos para el ya muy reconocido Rivera. Volvieron a Mexico en 1933, la relación entre ambos estaba ya muy deteriorada pero seguían juntos.
En 1937 se exilió en México Leon Trotsky y fue a parar a casa de Frida Kahlo que lo acogió durante casi dos años, mantuvieron un “affaire”, luego fue acusada del primer atentado que sufrió el líder comunista…vamos a pesar de los pesares no se aburría nuestra Frida.

En 1939 se divorció de Diego Rivera tras liarse éste con su propia hermana, un episodio muy doloroso que la llevó a ahogar sus penas en alcohol, como ella misma decía: "Tomaba para ahogar mis penas, pero las muy desgraciadas aprendieron a nadar...". Sin embargo en 1940 tras ser nuevamente interrogada en relación con el asesinato de Trotsky partió a San Francisco tras los pasos de Diego Rivera. En Estados Unidos fue operada nuevamente y tras recuperarse decidieron a vivir juntos de  nuevo y unos meses después vuelven a casarse. Mientras tanto el prestigio de Kahlo se afianza y participa en exposiciones colectivas en el MOMA de Nueva York, en Filadelfia y Boston.
Vuelven a México, en 1950 Frida es hospitalizada durante un año.

En 1953 organizan en México D.F. una exposición individual sobre su obra, Frida, con una salud muy precaria y a pesar de la prohibición médica deja a todos boquiabiertos presentándose en la galería en una ambulancia y animando el cotarro -cantando y trasegando tequila- desde su cama de hospital que fue colocada en el centro de la sala, genio y figura. La exposición fue un rotundo éxito.
A partir de aquí la historia no es muy bonita, Frida sufre cada vez más dolores, se suceden operaciones, intentos de suicidio, trastornos psíquicos y un deterioro generalizado que desembocan en su muerte en 1954.

Mujer de bandera, con ella el molde se rompió. Su vida fue muy difícil pero la llevó con una dignidad a prueba de bombas. ¡Brindo por ella!


domingo, febrero 28, 2016

Chicas de calendario. La desatada Anaïs.



Esta chica fue la doctora Ochoa de la época (si la recordáis fue una pionera a la hora de hablar de sexo en televisión a los españolitos de a pie), vamos, que se metió en un verdadero berenjenal por donde las mujeres de comienzos del siglo XX aun no habían transitado abiertamente, el sexo y el erotismo. Anaïs Nin se dejó de experimentos con gaseosa y decidió probar en carne propia los efectos beneficiosos de la sexualidad a tutiplén, para poner después todos sus conocimientos negro sobre blanco.

Vamos a ver si resumo su trayectoria. Anaïs Nin nació en Francia, eso ya es un punto a su favor, claro, en 1903. Sus padres no eran nada convencionales, de orígenes cubano-danesa su madre, la cantante Rosa Culmell y cubano-catalana su padre, el pianista y compositor Joaquín Nin. Vivieron alegremente en Cuba unos años disfrutando del sol y los mojitos pero papá Joaquín era un bala y cuando la pequeña Anaïs tenía solo 11 años se largó con viento fresco dejando a su familia en la estacada, sin embargo este trago amargo despertó la sensibilidad de la precoz niña, que empezó a escribir sus diarios con una carta dirigida al ingrato progenitor.

A los 19 años, cuando Anaïs se ganaba unos pesos como bailarina de flamenco en La Habana, conoció al banquero Hugh Guiler con quien se casó marchándose ambos a vivir a París. Allí se codeó con lo más granado de la bohemia europea y donde conoció a un expatriado que cambiaría su vida, TACHÁN!! el mismísimo Henry Miller. Fue mirarse a los ojos y estallar fuegos artificiales, el muy bragado Miller con la  ávida de experiencias sexuales Nin, era inevitable, se hicieron amantes, pero en el alegre París de los años treinta eso nunca fue suficiente así que poco después conoció a su esposa June, que le dio clases express de sadismo y voyeurismo. Pero esto no es nada, al poco se reencontró con su padre, 20 años después del abandono, y entonces quisieron recuperar el tiempo perdido, una cosa llevó a la otra y…acabaron teniendo relaciones demasiado íntimas, es decir Anaïs tomó ahora clases express de incesto, experiencias que luego le servirían para escribir su diario de título más que explícito ‘Incesto’.

En 1939 Nin emigra a Estados Unidos convirtiéndose en la primera mujer en publicar relatos eróticos con su libro ‘Delta de Venus’. Vive entonces en Nueva York y publica regularmente narrativa erótica junto a su amigo Henry Miller, con relativo éxito. En 1947 con ‘En una campana de cristal’ cosecha críticas muy positivas. 

Anaïs vuela frecuentemente a Los Ángeles  y en 1955 se casa allí por segunda vez con Rupert Pole, nada fuera de lo corriente en la América de los 50 si no fuera porque no se había divorciado de su primer marido, el banquero que todavía la financiaba, así pues la Nin se convirtió en bígama. El bueno de Guiler toleraba sus “affaires” y le costeaba sus gastos en California pero nunca llegó a saber de este "pequeño" detalle.

En 1966 por fin se publicaron sus famosos ‘Diarios’ con gran éxito. La repercusión mediática de los mismos hizo que anulara su segundo matrimonio por temor a que se conociera su bigamia, sin embargo siguió alternando su vida con Guiler y Pole. Cuando a mediados de los años setenta contrajo un cáncer de ovarios se quedó a vivir en California, pasando sus últimos años con Pole. Murió en 1977 después de vivir una vida excesiva y escandalosa pero sobre todo libre. 

Para mi fue una adelantada a su tiempo, si en lugar de haber nacido en 1903 lo hubiera hecho 100 años más tarde probablemente se hubiera hablado más de su calidad literaria que de sus escándalos, aunque también hay que reconocer que para Anaïs Nin vida y obra fueron indisociablemente unidas y su gran mérito fue abrir una brecha en un mundo hasta entonces vedado a las mujeres.





miércoles, febrero 03, 2016

Chicas de calendario. La explosiva Amelia.



Justo cuando se inauguraba un nuevo siglo, cargado de posibilidades fascinantes, daba sus primeros pasos la pequeña Amelia Earhart. Había nacido en 1897 en Atchinson (Kansas) y creció en una familia acomodada junto a su abuelo, un juez retirado al que amargaría más de una tarde con su carácter indomable. Como digo, no fue una niña corriente, más bien era de la piel del diablo, no era de las que se entretenían con muñecas o se pintaban las uñas, Amelia prefería trepar a los árboles y disparar a las ratas con su rifle, todo un angelito.

Amelia fue creciendo en esa América profunda que la convertiría sin duda en una damita con fuertes creencias a la búsqueda de un marido con quien formar una familia…¡Pues no! Siempre fue fiel a sus propias convicciones y nunca se dejó llevar por los convencionalismos de la época. Con 18 años recién cumplidos decidió  -la 1ª Guerra Mundial ya había estallado en Europa- cruzar el país para establecerse en Canadá y trabajar como voluntaria atendiendo a pilotos heridos en la contienda.
Mientras tanto su familia había pasado por momentos difíciles y hubo varias separaciones traumáticas y traslados por diferentes ciudades del país. Lo siguiente que sabemos de Amelia Earhart es que se reunió con los suyos en California,  buscando un lugar más soleado y horizontes más amplios para desarrollar sus capacidades.

Allí, casualmente, asistió a un espectáculo aéreo, incluso le dieron una vuelta en aeroplano, era muy insistente la chiquilla. Una vez arriba ya no se quiso bajar. El gusanillo de la aviación le corría por dentro. Enseguida se apuntó a clases de aviación -como quien se apunta al gimnasio, oiga- pero ella no lo abandonó a los dos meses, había encontrado su verdadera vocación. Acumuló experiencia y récords hasta que en 1922 logró el de altitud y en 1923 obtuvo la licencia de piloto.

En 1928 llegó uno de los momentos clave de su carrera, le propusieron participar en un vuelo que cruzaría el Océano Atlántico, iría acompañada de otro piloto y un mecánico. Amelia no pudo pilotar, se quedó con las ganas, sin embargo su leyenda ya había comenzado. En cuanto aterrizaron en Gales una multitud de periodistas abordaron a los aviadores pero fue Amelia quien acabó subida a los altares por la prensa. Las crónicas del vuelo se extendieron rápidamente por los Estados Unidos y recibió felicitaciones por doquier. El publicista George Putnam, uno de los organizadores del vuelo, fue desde entonces su mentor, acompañándola a dar conferencias e involucrándose en la publicación de su libro ‘Veinte horas, cuarenta minutos’. El roce hace el cariño dicen, pues estos dos después de rozarse mucho acabaron casándose en 1931.

Earhart seguía de lleno con sus actividades, impulsando la aviación entre las mujeres, sin embargo la espinita de un vuelo de largo recorrido en solitario aún le escocía. En 1933 se decidió a cruzar el Atlántico, esta vez sin compañía. El vuelo fue un éxito, batió varias marcas y cosechó un montón de reconocimientos, fue alabada y premiada en Europa y Estados Unidos. Sin embargo Amelia, cabezota e inconformista desde pequeña, no tardó mucho en plantearse nuevos retos. Ahora se atrevería con el Océano Pacífico, despegaría de Hawai para llegar a California y después a Washington. El vuelo se realizó con éxito en 1935, hasta el presidente Rooselvelt le envió felicitaciones. 

Por fin podría pensarse que Amelia ya se daba por satisfecha, que todos sus sueños se habían cumplido y sus aspiraciones conseguidas, pero no, era una mujer excepcional y por su cabeza rondaba un reto mayúsculo, dar la vuelta al mundo, ella sería la primera mujer en lograrlo. El avión elegido fue un Lockheed Electra 10E. Le acompañaría un piloto experimentado, Fred Noonan. Partieron el 21 de mayo de 1937 de Los Ángeles en dirección Florida, las siguientes etapas fueron Puerto Rico, Venezuela, luego cruzaron África y el Mar Rojo. En un vuelo inédito hasta entonces en la historia de la aviación llegaron hasta Pakistán. Sus siguientes destinos fueron las ciudades de Calcuta, Rangún, Bangkok y Singapur. Después, en Indonesia, sufrieron varios percances: mal tiempo, reparaciones en la aeronave y una grave infección por disentería sufrida por Amelia. El 27 de junio despegaron rumbo a Darwin (Australia). En Papúa Nueva Guinea el contador marcaba 35.405 recorridos y unos 11.000 por recorrer. Cuando volaban rumbo a la isla Howland llegaron las últimas comunicaciones de los aventureros a un guardacostas estadounidense que se hallaba por la zona, las condiciones atmosféricas eran malas y el combustible se les agotaba. El avión se estrelló cerca de la isla y empezó una búsqueda que duró hasta el 18 de julio. El gobierno estadounidense empleó todos los recursos a su alcance pero sin resultados y aunque su marido siguió la búsqueda durante un tiempo hubo que darlos por desaparecidos. Desde entonces se convirtió en una leyenda y el accidente dio pie a numerosas especulaciones entre la prensa norteamericana. 

El caso es que Amelia Earthart fue una pionera y una mujer fuera de serie, un ejemplo de tenacidad y amor propio en un época en la que las mujeres independientes lo tenían mucho más difícil que ahora -lo que ya es decir-. Acabo con una de sus reflexiones:

"De vez en cuando las mujeres deben hacer por sí mismas lo que los hombres ya han hecho -y en ocasiones lo que los hombres no han hecho- realizándose así como personas, y tal vez alentando a otras mujeres hacia una mayor independencia de pensamiento y acción. Esta fue una de las razones que contribuyeron a que desease hacer lo que tanto quería hacer".


domingo, enero 24, 2016

Otra razón para abrir un libro: las portadas de Daniel Gil.


Una de mis grandes placeres ocultos de toda la vida ha sido perderme entre estanterías de librerías o alucinar ante los anaqueles de las ferretería. Imagino que esos lugares abigarrados, con miles de artículos, significaban para mi una especie de refugio, todavía me ocurre, en una ferretería bien surtida puedo pasarme media mañana sin mirar el reloj, en las librerías voy picoteando de sección en sección sin rumbo, sin horario ni calendario. Mi pasión por las librerías viene de antiguo, en los ochenta, siendo una cría me fascinaba curiosear entre las baldas repletas de volúmenes, aspiraba el olor a papel y tinta como si de incienso de iglesia se tratara y siempre llevaba un trozo de papel en el bolsillo donde apuntaba los títulos que algún día -cuando mi economía me lo permitiera- compraría. 

En aquellos tiempos el número de editoriales que se ofrecían al lector eran modestas en comparación con la variedad de hoy en día pero cualquier librería que se preciara de serlo no podía prescindir de Alianza Editorial en bolsillo. Era una colección de referencia y una de las primeras editoriales en España en lanzarse al mundo del libro de bolsillo. Sin embargo lo que primero me atrajo de esta editorial fueron sus portadas, eran fascinantes. Con Alianza empecé a tomar conciencia de la importancia de un buen diseño gráfico, de lo fundamental de acompañar un contenido de calidad de un formato a la altura. Cada vez que sacaba un volumen de su estante me asombraba un montaje, una fotografía, un collage o un dibujo a cual más innovador. Ninguna editorial española podía presumir de un diseño parecido y su creador era el mítico Daniel Gil.

Daniel Gil nació en Santander en 1930, cursó estudios de Bellas Artes en Madrid y después, en los años 50, estudió diseño en Alemania para volver a España a trabajar como diseñador de portadas de discos. En 1966 fue contratado por Alianza Editorial para su colección más exitosa, “El Libro de Bolsillo” donde rompió moldes. Daniel Gil se convirtió pronto en un referente del diseño español con portadas experimentales y muy innovadoras. En 1992 abandonó la editorial y se dedicó a otras actividades, por ejemplo fue el creador del símbolo gráfico del Museo Thyssen-Bornemisza. Falleció en 2004.


Además de ser uno de los más importantes creadores gráficos de este país, Daniel Gil dignificó la profesión reivindicando siempre la importancia del diseño como un concepto fundamental en sí mismo, no como mero ornamento. Afirmó que sus cubiertas eran una “reflexión gráfica sobre el libro” y en una de sus consideraciones más lúcidas sobre la dialéctica entre la dependencia del texto para el que se diseña y la dependencia del criterio del diseñador es la siguiente:

“No traicionar al libro pero tampoco aniquilarse a sí mismo creativamente” […] La edición, por tanto, deja de ser un mero soporte para convertirse en parte constituyente y significativa del libro.


martes, diciembre 01, 2015

Rosa Parks o la fuerza del hartazgo en un día de furia.


Hace tan sólo 60 años, en EEUU la segregación racial era ley y se aplicaba sin contemplaciones especialmente en los estados del sur. Tal día como hoy de hace 60 años, el 1 de diciembre de 1955 en la ciudad de Montgomery (Alabama) ocurrían cosas como la siguiente: los autobuses urbanos tenían una línea que marcaba la ubicación de los usuarios; los negros detrás y los blancos delante, así los pasajeros de color debían subir por delante pagar al conductor y volver a bajar para entrar por la puerta trasera. 
Aquel 1 de diciembre Rosa Parks decidió no levantarse cuando el conductor le recriminó que ocupaba un asiento para blancos. Por semejante “delito” fue detenida y pasó una noche en el calabozo además de pagar una multa.

Algunos historiadores ponen en duda la contribución de Parks al movimiento de derechos civiles y su valor al negarse a ceder su asiento. Muchos relatos del supuesto delito de “mala conducta” de Rosa Parks en 1955 la describen como una simple "costurera cansada". Sin embargo, Parks proclamó en su autobiografía: Mi Vida ("My Life"), que no es verdad que estuviera físicamente cansada sino mentalmente “cansada de ceder".

El caso se hizo público y un entonces semi-desconocido Martin Luther King lideró una protesta multitudinaria que derivó en un boicot a la compañía de autobuses por parte de la población negra -que suponía el 75% de los usuarios- y que se mantuvo durante 381 días; durante más de un año criadas y obreros de color se trasladaron a pie a sus puestos de trabajo. La compañía de autobuses estuvo a punto de quebrar y la Corte Suprema tuvo que derogar las leyes de segregación y abolió cualquier discriminación de raza en lugares públicos.

Rosa Parks murió a la edad de 92 años el 24 de octubre de 2005 en la casa de retiro en la que pasó sus últimos años. En 2004 le fue diagnosticada la enfermedad de Alzheimer.

El 1 de diciembre de 2005, en la ciudad de Nueva York, Washington DC y otras ciudades estadounidenses, como acto simbólico, se dejó vacío el asiento de detrás del conductor de los autobuses urbanos para conmemorar a Rosa Parks y su acto de desobediencia civil.




Actos como el de Rosa Parks deben recordarnos que a veces un pequeño empujón de una sola persona entreabre una puerta y si es seguida por muchos esa puerta acabará cayendo y dejando paso al aire de libertad que todos necesitaban. Tampoco olvidemos que la conquista de los derechos civiles ha costado muchos esfuerzos y cualquier atisbo de complacencia ciudadana es siempre aprovechada por los poderosos para rebañar lo poco que nos dejan en el plato.


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