lunes, octubre 26, 2015

Decadencia y olvido. Las parientes ocultas de Jackie Kennedy.

Cartel y escenas de la película 'Grey Gardens' (2009)
Llega el otoño, noches largas y días cortos, menos cañitas terraceras y más película y manta. Hace un tiempo, conversando con mi amiga Marta Insa de series y cine me descubrió un documental que le había fascinado, ‘Grey Gardens’ se llamaba y yo me quedé con la copla. Por fin, este lluvioso ‘weekend’ me he tirado de cabeza a ver cine: clásicos para recordar, algún bodrio reciente y ‘Grey Gardens’, pero no el documental si no la película para la televisión que se rodó hace unos años.
Se trata de una historia real -en los años 70 se hizo el documental que estoy tratando de conseguir— sobre la vida de las Bouvier. Edith Bouvier Ewing, conocida como “Big Edie” y su hija, también llamada Edith -“Little Edie”  of course-, aristócratas de origen francés y conocidas sobre todo por ser la tía y la prima de Jackie Kennedy Onassis.

'Little Edith' en sus años de esplendor y en los años 70, en plena decadencia.
La película se inicia a mediados de los 30, años de vino y rosas para madre e hija, cuando en su mansión Grey Gardens, situada en Long Island, disfrutaban de una vida regalada; todas las comodidades a su disposición, relaciones sociales carentes de prejuicios y siempre rodeadas de lo mejor de la sociedad neoyorkina, una vida destinada al puro hedonismo y a los gustos refinados y que sin embargo con el paso de los años se convirtió en un infierno para ambas. Su matrimonio con el abogado Phelan Beale era ya en aquellos años pura fachada y poco después de la separación “Big Edie” quedó sin pensión siendo sus hijos los únicos beneficiados. Ella conservó su mansión pero la falta de recursos hizo mella en la casona que se deslizó inexorablemente hacia la decadencia más absoluta.

Las Bouvier y Grey Gradens.

La historia que narra la película da saltos en el tiempo, alterna esos primeros  años de esplendor de las Bouvier con imágenes de madre e hija viviendo aisladas, sin casi contacto con el exterior, rodeadas de basura y docenas de gatos y sobreviviendo con lo más básico, casi en la indigencia.  Fueron entonces denunciadas a las autoridades del departamento de Salud por sus vecinos -la propiedad se ubicaba al norte de Nueva York donde los más ricos de EEUU tienen sus casas de fin de semana- que intentaron desalojarlas con el consiguiente escándalo. Las ‘desaparecidas’ Bouvier volvieron a las portadas de los medios y Jackie Onassis hizo acto de presencia para arreglar el entuerto, la mansión se saneó y ellas pudieron quedarse.

Poco después recibieron la visita de unos cineastas interesados en rodar un documental sobre la vida de ambas. Los hermanos Maysles empezaron a filmarlas en 1971, fascinados por las excéntricas Bouvier. Por lo que se percibe en la película, los Maysles las dejaron a su aire, grabando sus discusiones, sus reproches mutuos, seguramente seducidos por la personalidad de ‘little Edith’ que a sus 54 años aparecía cada día con un atuendo más extravagante y siempre con un pañuelo anudado sobre su cabeza -se quedó calva en su juventud a causa de una alopecia nerviosa -. El documental se estrenó en 1975 y fue un éxito de culto. A Edith la llamaron para hacer algún patético número de cabaret en Nueva York y su madre murió un año después.
La película, producida por la HBO y dirigida por Michael Sucsy se estrenó en 2009 y está protagonizada por Drew Barrymore y Jessica Lange, magníficas ambas. Ganó varios Globos de oro y Emmys.

Os la recomiendo para estos días de lluvia y manta, pasareis un buen rato.



miércoles, septiembre 16, 2015

Días a la fresca en Londres (con desvío a Oxford)

Yo no sé a vosotros pero a mi aún me retumban los oídos de tanto escuchar en las noticias de la tele la información meteorológica: “que si tal día de junio es el de temperaturas más altas de la historia”; “que nos preparemos para un verano con 2 grados de media más que el año pasado” y sobre todo lo de las olas de calor, eso ha sido el hit del verano, empezaban con la ola el 20 de junio y enlazaban con otra el 8 de julio y otra el 15… que nooo, que nada de ola, que ha sido un tsunami de calor insoportable, y yo sin aire acondicionado en casa. Estos calores, sudores y picores  (el mosquito tigre se autoinvitó a veranear)  me hicieron concebir un plan para los últimos días de agosto: pillar un avión y plantarme cinco días en Londres. 

Realmente no me hace falta ninguna ola de calor para dejarme caer esta super-urbe británica, Londres me encanta, me fascina, me pone las pilas. En fin, también me recuerda mis años mozos, sí, a mis veintipocos currando en un hotel, que tiempos…

Había otra excusa para volar, otro plan concebido en esas noches toledanas sin pegar ojo, quería visitar Oxford y de paso pasarme por la magnífica Blackwell’s Art and Posters Shop y ver mis tuttis en tan marga ciudad universitaria. Pues bien, previamente ya había intercambiado e-mails con mi contacto en la tienda, Jess, advirtiéndole de que a finales de mes probablemente pasaría a visitarles y ahí me tenéis un 28 de agosto con mi chaquetilla de lana y mi paraguas paseando por Broad Street, disfrutando de las maravillas de la ciudad. La tienda es inmensa, dos pisos con miles de postales, láminas, posters de todo tipo, grandes escaparates, el paraíso para cualquier friki amante de los cómics, películas e ilustración en general, y entre tantas perlas vislumbré una carita de perfil que asomaba de una caja de madera, sí amigos, era el mismísimo Sam con sus gafotas y gorro de mapache en ‘Moonrise Kingdom’ -sinceramente de emocioné-…. Entonces con cuidado, como si pisara un lugar sagrado, me presenté educadamente al dependiente, un chico con gafas de apariencia british, british ‘ Excuse me, are you Jess? -le pregunté. Me dijo que no era él, Jess estaba comiendo, volvería en 30 minutos. Ok, volveré luego. Salí al veranillo oxoniense -si, así de raro se llaman los oriundos de Oxford- me comí un sushi en un banco frente a Blackwells y volví una media hora después. Había otro dependiente en la caja, volví a presentarme y repetí ‘Are you Jess? -me miró con cara de incredulidad y me informó que no, ELLA estaba en el piso superior. Claro, pensé, es Jessica, je, je. Muy amable ELLA, y también muy educadamente british me enseñó la tienda y nos reímos con el lapsus de género.


La librería Blackwells tiene una larga historia, fue fundada en 1879 por Benjamin Blackwell en un pequeño local de Oxford y hoy tiene sedes en muchas ciudades del Reino Unido. La librería propiamente dicha se encuentra muy cerca y consta de cuatro pisos abarrotada de miles de libros. La otra, donde mis tuttis aprenden inglés y buena educación británica, es fundamentalmente una tienda de ilustraciones y contiene también verdaderas obras maestras.
Bueno, me despido ya de esta ciudad tan antigua donde se respira cultura, buen gusto y arte por donde mires. ¡¡Que bien ‘colocaos’ que dejo a mis tuttis!! 



viernes, julio 31, 2015

Mis rincones favoritos: Nueva York y Bryant Park



Cierro los ojos y espero que la brisa mueva las cortinas en este asfixiante verano, pero nada, como decía mi madre, ni gota de aire. Son las cinco de la tarde y rozamos los 29 grados, humedad al 85%. 
Ante tal panorama y abanico en mano me viene a la mente un recuerdo, caluroso pero agradable del verano de 2011. Pasaba los primeros días de agosto en Nueva York y turisteando por Manhattan, con una temperatura y humedad semejantes a las que hoy soporto en Dénia me topé con el que sería uno de mis rincones favoritos de la ciudad, Bryant Park. Hay mucho que ver en NY pero a veces dejarte llevar y cerrar la guía tiene sus ventajas, puedes encontrar tu lugar, tu sitio especial, donde podrías conocer a tu mejor amigo, ver pasar la vida perezosamente comiendo una hamburguesa, jugar con tu perro, a lo mejor incluso te gustaría que te enterraran allí. Todo eso es posible en Bryant Park, excepto lo del entierro, aunque hay que decir que fue un cementerio para personas sin recursos entre 1823 y 1840, cuando el cementerio de Washington Square se colapso por las víctimas de la fiebre amarilla.

Bryant Park se sitúa en pleno Midtown, detrás de la New York Public Library, solo ocupa 4 hectáreas y es un jardín a la francesa. Recibió su nombre en 1884 en honor a William Cullen Bryant, editor del New York Evening Post. También el inventor Nicola Tesla iba allí a darle de comer a las palomas con las que estableció una especie de romance ya en sus años de decadencia y en este parque tiene su propio rincón con una estatua en su honor. 
El parque ha pasado por muchas vicisitudes en sus más de 100 años de vida, en 1853 fue sede de la Exposición Universal, por entonces una línea elevada de metro que lo atravesaba le restó mucho encanto. 
En los años setenta no era muy recomendable detenerse por allí, fue un territorio tomado por marginales y drogadictos y epicentro del crimen de Nueva York.
En los años ochenta un grupo de defensores de los parques llamado Parks Council lo recuperó para la ciudadanía realizando actos culturales y mejoras urbanas.
Siguieron las actuaciones de remodelación hasta que en 1988 se cerró para una reestructuración a fondo que duró unos tres años. Hoy Bryant Park es uno de los lugares al aire libre más queridos de Manhattan, es un modelo de jardín urbano que en verano aprovechan neoyorquinos y turistas para descansar, disfrutar de encuentros literarios, conciertos, su festival de cine, wifi gratis e incluso uno de los baños públicos mas limpios de todo Manhattan con hilo musical y flores frescas.


Pues este es mi recuerdo de una tarde calurosa de verano y mi recomendación si tenéis intención de viajar a Nueva York.


martes, junio 23, 2015

Un mundo confuso a todo color. La obra de Ricardo Cavolo.

Desde hace algún tiempo ha surgido en nuestro país un interés muy amplio por todo lo relacionado con la ilustración. España se ha convertido en cuna de muchos artistas de talento y el público demanda su obra en múltiples formatos.

El caso más evidente son los libros ilustrados en papel, basta echar una ojeada a cualquier librería para constatar como crece la oferta de este tipo de publicaciones.
Pero también internet y las redes sociales han ayudado a la divulgación y reconocimiento de este arte, el ejemplo es Paula Bonet, con miles de seguidores, también la campaña espontánea a favor de la candidatura de Manuela Carmena en Madrid o la selección de cinco españoles en el libro de la editorial Taschen ‘100 Illustrators’ donde se recoge la obra gráfica de los mejores del mundo.
Pero hoy quería poner el foco en la obra de un ilustrador muy especial, Ricardo Cavolo, a mi me encanta y a pesar de su juventud ya goza de un merecido reconocimiento. Cavolo nació en Salamanca  en 1982, es licenciado en Bellas Artes y Técnico Superior de Imagen.

Desde luego tiene un estilo muy particular, que puedes identificar de un solo vistazo y eso me gusta. Es inconfundible. Es naif pero a la vez utiliza colores muy impactantes, casi agresivos. Se asemejan a un tatuaje. Sus figuras se caracterizan por caras con la nariz, las mejillas y las orejas rojos y en ocasiones con muchos ojos. Sus personajes son extraños, casi unos ‘outsiders’.


Ha trabajado para importantes agencias de publicidad como Young & Rubicam, Sra. Rushmore o Leo Burnett. Ha pintado murales para Urban Outfiters en varias ciudades europeas y colaboró en las campañas de firmas como Nike, Levi’s o Converse. Su proyecto con ‘Le Cirque du soleil’ en 2010 supuso un punto de inflexión.
Ha expuesto en galerías como Mad is Mad, Espacio Valverde y Atómica Gallery (Londres).

Se ha volcado de lleno en el mundo editorial publicando junto a Mario Suárez ‘Cocina Indie’ y ‘Cocina pop’ (Lunwerg) donde mezcla gastronomía, música e ilustración. También ilustró la novela de Santi Balmes ‘¿Por qué me compraste un walkie talkie si era hijo único?’ (Principal de los Libros). Su proyecto más personal se fraguó con la novela gráfica ‘El desorganismo de Daniel Johnston’ (Edicions de Ponent), otra vez con la música y el dibujo como leitmotiv. Por último publicó en 2014 ‘Historia ilustrada de la música: 100 artistas sin los que no podría vivir’ (Lunwerg). Como él mismo afirma en alguna entrevista la música es fundamental para su creación.

Imagino que si Cavolo no dibujara tan bien habría acabado siendo músico y seguro que en eso también destacaría.



Y esto no acaba aquí, hay muchos más ilustradores ilustres a los que profeso una sana envidia. En las próximas semanas os iré hablando de alguno de ellos, de momento disfrutad de las imágenes psicodélicas de Ricardo Cavolo.





lunes, mayo 11, 2015

Ilustradores ilustres para una revista casi centenaria, The New Yorker.


1. Rea Irvin/ The New Yorker    2. Ana Juan/ The New Yorker


Muy a menudo los medios de comunicación conmemoran efemérides, algunas son muy importantes y funcionan a modo de recordatorio, sin embargo creo que en la mayoría de las ocasiones los noticiarios de televisión, los periódicos o los programas de radio las utilizan para rellenar espacios huecos, buscan contenidos atractivos y no les importa que sea el 40 aniversario, el 65 o el 90. Así claro, salen varias conmemoraciones a la semana. Hoy me voy a aprovechar de una de estas un poco cogida por los pelos -se celebra el 90 aniversario- pero como dentro de 10 años quien sabe donde andaremos aprovecho para escribir del tema. Pues bien, los 90 añitos de la revista norteamericana The New Yorker se cumplieron el pasado mes de febrero y como dudo mucho que exista un mañana -o al menos un mañana prolongado- para publicaciones en papel he pensado en no dejar escapar la ocasión.

The New Yorker nació en 1925 y durante el siglo XX se convirtió en un icono cultural y periodístico en los EEUU y para el resto del mundo. Es una revista semanal y se centra en vida social de Nueva York, aunque también es, como la gran manzana, muy urbana y cosmopolita. Su contenido es variado y abarca desde reportajes de investigación a ensayos, críticas, relatos de ficción, poesía, viñetas humorísticas, etc. Si por algo destaca, y esa parte me interesa especialmente, es por sus portadas. La primera, publicada en febrero de 1925 por Rea Irvin se convirtió en un símbolo de la revista, es un dibujo de un dandi con sombrero de copa y monóculo que observa con atención una mariposa y se le conoce como Eustace Tilly. La portada de ‘The New Yorker’ siempre ha sido su seña de identidad y un bocado apetitoso para grandes ilustradores -ya hablé hace unos meses de la inmensa Ana Juan y sus varias apariciones como portadista-. El número conmemorativo del 90 aniversario fue un homenaje a esa primera portada y la revista pidió a sus dibujantes habituales, Kadir Nelson, Anita Kunz, Roz Chast, Barry Blitt, Istvan Banyai, Lorenzo Mattotti, Peter Mendelsund, Carter Goodrich y Christoph Niemann, su propia versión del famoso ‘Eustace’ utilizando cada uno diferentes técnicas -óleo, acuarela, pastel, collage, digital- Aquí van las que más me gustan:



3. Barry Blitt/ The New Yorker     4. Kadir Nelson/  The New Yorker    5. Carter Goodrich/ The New Yorker 
Creo que vendería mi alma al diablo de los píxeles, pactaría con el Satanás de los vectores o me dejaría quemar en el infierno junto a Steve Jobs si un día recibiera ese e-mail que me dijera: Dear Marta, are you ready……The New Yorker. En fin, sigo soñando.



domingo, abril 19, 2015

Viajar, soñar, divagar.

Una de mis pasiones son los viajes, no creo que haya mejor tiempo empleado o dinero invertido que romper la rutina y salir por unos días a descubrir algo nuevo, siempre me aporta ideas y me abre horizontes. Para mi una escapada a tiempo es un placer que me sirve para desconectar de pantallas, ratones y vectores, no para quedar inerte en una hamaca o dándole al mando de la tele en la habitación del hotel. Me gusta el turismo activo, madrugar y estar en la calle bien pronto a “patear” lo más posible. Me encanta callejear, perderme por rutas poco transitadas y mirar el plano al revés; prefiero las ciudades al campo, soy “urbanita” por naturaleza y cuando planifico un viaje pongo la lupa en exposiciones interesantes, obras teatrales que me puedan transmitir algo, museos singulares o tiendas diseño no engullidas por la globalización.


  Fachada y jardines Museo Louisiana. 


Tras esta declaración de intenciones me pongo a lo mío y os hablo de mi última escapada del mes pasado a Dinamarca, un país con todo tipo de atractivos culturales, turísticos y naturales, pero con limitaciones climatológicas, hablando en plata: en marzo os podéis quedar más congelados que “La Sirenita”.  Es un país con un nivel de vida envidiable y sus ciudades son limpias y ecológicas. En cuanto a mis recomendaciones, como la cabra tira al monte, yo me inclino por  las cuestiones artísticas así que si disponéis de poco tiempo podéis obviar sin mala conciencia la consabida Sirenita para ir sin rechistar al Museo Louisiana, a 33 km al norte de Copenhague. Si queréis seguir leyendo el post tened en cuenta que la visita al Louisiana es obligatoria; coche, tren, bus, moto, bicicleta o si es preciso andando en peregrinación pero no os paséis por alto este magnífico centro de arte.

Es un museo de arte moderno, fundado en 1958 por Knut W. Jensen y si os llama la atención un nombre tan poco danés como Louisiana la razón es muy curiosa, el buen señor Jensen se casó tres veces y sus tres esposas se llamaban Louise, desde luego hay que reconocerle que el homenaje a sus ex fue toda una pasada.

Esta soy yo mirando al mar junto a Henry Moore. | Aquí de nuevo extasiada junto a Giacometti. (Fotos F. Rodríguez)



Al museo se llega bajando en la estación de Humlebaek y tras andar unos 15 minutos y atravesar un bosquecillo una se topa con unos edificios perfectamente integrados en el paisaje, un enclave increíble en la Riviera Danesa, desde donde puede verse la costa de Suecia en la otra orilla. Pocas veces habré contemplado un espacio tan armonioso que integra arte, naturaleza y arquitectura. Lo primero es pasearse por los jardines donde encontraremos esculturas de Henry Moore, Miró o Alexander Calder, allí te podrías pasar horas (si no fuera por el maldito frío escandinavo, si, otra vez ese clima). El interior del Museo no desmerece lo visto fuera, salas iluminadas con luz natural, con una colección permanente muy interesante, a destacar las obras de Jean Arp, Picasso, Francis Bacon y sobre todo una gran muestra de mi admiradísimo Alberto Giacometti.

El Museo Louisiana cuenta también con exposiciones temporales, en esta ocasión una extensa muestra de la pintora alemana Paula Modersohn-Becker (1876-1907), para mi hasta ese momento una total desconocida y que me supuso un gran sorpresa. Se la puede englobar dentro del movimiento expresionista y las influencias de Cezanne y Gauguin son evidentes. Me gustó tanto se estilo que me puse de inmediato a indagar sobre esta mujer que tan solo vivió 31 años y aún así estudió, viajó, amó y pudo pintar más de 700 lienzos. Un ejemplo de valentía y tenacidad en una época tan difícil para cualquier mujer que intentara abrirse un camino al margen de convencionalismos y aspirara a manifestar su talento. 

Paula Modersohn-Becker (Foto www.museen.boeltstrasse.de)/ Autorretrato (www.artbook.com)




Paula Modersohn-Becker se empezó a interesar por el arte en 1893 tras visitar en Bremen la obra del círculo artístico de Worpswede (donde exponía el que sería su futuro marido Otto Modersohn). Como en aquella época las mujeres no tenían acceso a las academias de Bellas Artes, fue enviada a Berlín en 1896 para seguir cursos de dibujo y pintura. En 1900 se trasladó a París donde estudió durante un año en la Academie Colarossi, acudiendo además regularmente a  exposiciones y galerías de arte. En la Exposición Universal conoció a Otto Modersohn, que acababa de enviudar y con quien se casó en 1901. Volvieron a Worpswede, donde Paula se vio obligada a moderar sus aspiraciones artísticas al hacerse cargo de la hija que Otto tenia de su anterior matrimonio. Al poco tiempo surgieron las primeras desavenencias entre ellos, él prefería la vida tranquila de Worpswede, donde aspiraba a la comunión entre naturaleza y arte; Paula en cambio, mucho más joven y con deseos de experimentar, necesitaba un entorno más artístico y en 1906 decidió marchar a París, donde retomó sus estudios de pintura. Entre 1906 y 1907 se desarrolló su periodo más fructífero, realizando más de 90 pinturas -desnudos, autorretratos, naturalezas muertas-.  Su marido pasó una temporada con ella en París y en 1907 la pareja regresó a Alemania. Paula quedó embarazada y tras un parto difícil dio a luz a una niña, veinte días después Paula Modersohn-Becker moría de una embolia pulmonar con solo 31 años.


Para concluir me quedo con una sensación ambivalente; la rabia al comprobar como una vez más mundo del arte perdió a una creadora singular por culpa de una sociedad patriarcal que convertía a las mujeres en seres invisibles y les mutilaba cualquier atisbo de emancipación y por otro lado la esperanza de ver como un siglo después estas mujeres son rescatadas del olvido con exposiciones tan maravillosas como la que pude disfrutar en el Museo Louisiana.


sábado, marzo 21, 2015

El 'Chelsea' de Nueva York: Hotel, dulce hotel.

Ni soy de gustos caros ni me va lo extravagante, sin embargo, ¿quien se resistiría a un hotel de lujo con todas las comodidades? A veces me sorprendo a mi misma con la mente vagando por lugares exóticos mientras mi ‘body’ se relaja en un jacuzzi o se pone fino de marisco. No penséis que me encuentro experimentando lo que Baudelaire llamó con acierto ‘paraísos artificiales’, ni de lejos, esto me suele ocurrir ante alguna pseudo-crisis doméstica del tipo ¡la ropa está por tender, las camas por hacer y hay lentejas para comer!
Sin embargo en estas elucubraciones mías no opto por hoteles sofisticados, modernos o ultratecnológicos sino por edificios míticos que ya se han convertido por derecho propio en patrimonio cultural de las ciudades donde se ubican, hoteles donde por caprichos del destino se alojaron escritores célebres, artistas, famosos del cine o de la política, como el Pera Palace de Estambul o el Mandarín Oriental de Bangkok. Sin embargo hablaré de uno menos exótico pero tan interesante como el que más, un icono de la contracultura y la modernidad de la segunda mitad del siglo XX, el Hotel Chelsea de Nueva York.

El edificio del Chelsea se construyó en 1883 con el objetivo de ser una cooperativa privada de apartamentos y así funcionó hasta 1905, cuando se convirtió en hotel. Fue el edificio más alto de Nueva York hasta 1902, quizá sepáis que en los primeros años del siglo XX fue casi una obsesión constante de arquitectos y magnates construir el rascacielos más alto de la Gran Manzana y los récords iban cayendo a la misma velocidad que crecía el skylane de Manhattan.
Pero lo decisivo del Hotel Chelsea, lo que lo convirtió en un edificio para mitómanos no fue su estilo arquitectónico sino sus huéspedes, aunque algunos eran más que eso y lo convirtieron en su residencia habitual. La lista es impresionante así que nombraré solo a algunos deteniéndome en un par de casos que saltaron a los periódicos por su connotaciones dramáticas.
En la nómina del Chelsea pasaron autores como Mark Twain, Tennessee Williams, O’ Henry (uno de mis autores de cuentos preferidos, no os lo perdáis), Arthur Miller, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, Tom Wolfe o el gran Arthur C. Clarke (se dice que redactó allí el guión de "2001: Una Odisea del Espacio" para Stanley Kubrick); en cuanto a músicos se alojaron nada menos que Patti Smith, Bob Dylan, Janis Joplin, Jimmy Hendrix o Leonard Cohen, etc; tampoco faltaron artistas como Frida Kahlo y Diego Rivera o los fotógrafos Cartier-Bresson y Robert Mapplethorpe, aunque quien casi convirtió el Chelsea en su lugar de trabajo llegando a rodar una película en 1966 fue Andy Warhol.
En cuanto a los episodios luctuosos que os quería contar brevemente mencionaré dos de los más conocidos.
Fue en una de las habitaciones del Chelsea donde el poeta Dylan Thomas cayó en coma en 1953 después de beber varias botellas de whisky para acabar muerto en un hospital cercano. El hotel colocó una placa con la siguiente sentencia: “Dylan Thomas lived and wrote at the Chelsea Hotel and from here he sailed out to die.”

Años después, en 1978 en otra habitación del hotel, tras una noche de desenfreno y drogas, apareció muerta la novia de Sid Vicious, líder de Sex Pistols. Ella tenía una puñalada en el estómago, el cantante fue arrestado acusado de asesinato. Más tarde le dejaron libre por falta de pruebas.

Dylan Thomas | Sid Vicius


Como veis, un lugar con mucho que contar y mucho que esconder; sin embargo el episodio más funesto para el Chelsea ocurrió en 2011 cuando se cerró para convertirlo en un centro comercial. Lamentablemente y a pesar de la oposición de muchos sectores, ‘business is business’ y otro emblema del Manhattan clásico pasó a mejor vida. Imagino que muchos fantasmas del hotel seguirán recitando su poesía o componiendo su música y la energía y creatividad de tantos artistas que por allí pasaron habrán dejado su poso en una ciudad que es ya por si misma pura energía.


sábado, febrero 21, 2015

'Street Art'. Compartiendo por amor al arte.

Seguro que muchas veces pateando por una ciudad, incluso por algún pueblo os habéis visto sorprendidos por graffitis de todo tipo, ocupan tanto el centro de las ciudades como el extrarradio, la mayoría son pintadas sin gracia y sin alma, que ensucian muros y paredes, que ahondan en la decadencia de los barrios, que manchan mobiliario urbano sin ningún sentido, que deterioran nuestro entorno a golpe de aerosol. Sin embargo no hay que olvidar que entre tanta mediocridad también asoman verdaderos artistas callejeros.

Aakash Nihalani

El ‘street art’ , arte urbano, también llamado arte de guerrilla se ha convertido ya por derecho propio en una disciplina artística, que empieza a ser valorada en su justa medida. Pienso que casi debe ser considerado un ejercicio de filantropía, estos creadores nos regalan sus obras exponiéndolas en una suerte de museo al aire libre por todo el planeta, sin pedir nada a cambio. Su objetivo es variado, en ocasiones lúdico, otras reivindicativo, para incitar a la reflexión pública, transformar un espacio, embellecerlo o darle otro significado. Se trata casi siempre de una creación espontánea ejecutada por artistas anónimos aunque a lo largo de los últimos años han aparecido artistas profesionales.

Si hablamos de ‘profesionales’ del arte callejero de inmediato vamos a pensar en el fenómeno Banksy, lleva ya algunos años al frente de esta vanguardia rompedora con ese halo de misterio que le rodea, sin identidad, como una especie de ‘anonymous’ del graffiti.

Banksy

Pues bien, el británico Banksy tiene un antecedente al otro lado del canal mucho menos mediático pero que lleva más años compartiendo su arte por las calles de París. Blek le Rat (1952) es el pseudónimo de Xabier Prou, graffitero  parisino que utiliza la técnica de “pochoir” (plantilla) también conocido como ‘stencil’. Su vocación artística se desarrolló en la infancia, estimulado por un ambiente familiar culto, luego estudió en la  ‘Ecole des Beaux Arts’ de París  donde cursó grabado, litografía y pintura.
En los años setenta  dos viajes marcaron su estilo; en Italia se vio influenciado por el stencil propagandístico de Mussolini y después en el metro de Nueva York descubrió los graffitis americanos que empezaban a convertirse en un fenómeno. Años después, en Francia mezcló ambos para crear su propio estilo, usando plantillas para formar la silueta de una rata, que convirtió en su imagen.
En 1983 decidió plasmar su primera figura humana, la imagen de  un anciano que repartió por varias ciudades francesas. Ahí comenzó a hacerse popular y repitió series de figuras a tamaño natural. Otros graffiteros le imitaron aunque el reconocimiento del mundo artístico solo fue pleno cuando expuso su obra en el centro Georges Pompidou.


Blek le Rat
En los últimos años el trabajo de Blek le Rat se ha vuelto más social -denunciando la situación de los sin techo o la destrucción del medio ambiente- y político inspirándose para algunas de sus creaciones en los enfrentamientos de Irlanda del Norte o la guerra de Irak.
Blek le Rat es un gran maestro del arte calejero, ha decorado las calles de París con sus inteligentes obras desde los 80 y ha dejado su influencia sobre toda una generación de graffiteros y en los movimientos artísticos de guerrilla.
Para acabar este ‘post’ nadie mejor que el propio Blek le Rat y su manifiesto:

"Intento exponer las mejores cosas de la vida mediante inesperadas imágenes que distraen y deleitan a los peatones, sacándolos de sus preocupaciones cotidianas. A pesar de las represalias por parte de la policía en contra del graffiti, continuaré asaltando las calles en la oscuridad, ya que para mí, llevar el trabajo directamente a las calles es parte primordial de la evolución del arte..."


viernes, enero 16, 2015

Ana Juan. Ilustración sobresaliente

Hace unos años merodeando por la jungla librera mi olfato de depredadora me dirigió hacia una pieza de lo más apetitosa, un volumen ilustrado desde donde me vigilaba una mirada inquietante. Cual “shopper” hiperactiva en día de rebajas me lancé en plancha hacia aquellas portada maravillosa, su título era ‘Snowhite’, de la ilustradora Ana Juan. Desde entonces sigo ojo avizor cualquier nuevo trabajo de esta artista del lápiz y de las palabras.



Ana Juan nació en Valencia en 1961, estudió Bellas Artes en la Politécnica y en los ochenta tuvo la suerte de vivir la Movida madrileña colaborando en publicaciones como ‘Madriz’ y ‘La luna de Madrid’. En aquella década de gran creatividad cultural se dedicó a la historieta gráfica con dibujos de tono expresionista mientras buscaba un camino propio.

Según ella misma reconoce sus influencias son muy diversas, no se ciñen a lo meramente pictórico, es sensible a todo lo que le rodea, una buena película, un cuadro, un tema musical, un recuerdo, la inspiración se revela por los vericuetos mas insospechados. 

En los años 90 estuvo becada unos meses en Japón por la editorial Kodansha y de ahí surgió su libro ‘Amantes’, un proyecto sobre 12 historias de amor que nunca vió la luz en el país nipón. Años después se editó en España en 1000Editions y hace poco se ha reeditado de la mano de Edelvives.



Uno de sus trabajos más interesantes es la versión libre de Blancanieves titulada ‘Snowhite’ editada por ediciones de Ponent, desde luego ni pizca infantil y más bien tenebrosa y casi ‘timburtoniana’ si se me permite el palabro.

Para mi en estos libros ilustrados está lo mejor de su obra, aunque yo le tengo mucho cariño a mi volumen de ‘Cuentos esenciales’ de Guy de Maupassant,  uno de mis autores preferidos, el mejor cuentista de la historia, en una edición muy cuidada, bien traducida y para colmo ilustrada por Ana Juan, el no va más!

También cabe destacar sus colaboraciones en prensa en El País, ‘Los Angeles Times’ y sobretodo la revista ‘The New Yorker’ donde ha publicado hasta 16 portadas. Ha sido noticia últimamente por haber sido la elegida para ilustrar el próximo número del 19 de enero, un homenaje a los dibujantes de Charlie Hebdo asesinados en París.



En definitiva, una gran artista de la ilustración, una creadora de mundos secretos y una mujer comprometida con la libertad de expresión.





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