martes, noviembre 29, 2016

Chicas de calendario. La imaginativa Amélie.



Es como un plato de los que te hacía tu madre en tu niñez y no olvidas, como aquella sintonía de un anuncio tan entrañable que quedó grabado en tu memoria, como el olor de tu hermano pequeño cuando de bebé salía de la bañera oliendo a jabón, es algo que tus sentidos identifican como algo placentero, que te relaja, te da seguridad. Así es como recuerdo yo ‘Amélie’, no es una gran película, no es una comedia para partirse de risa, ni tampoco me hace llorar a moco tendido pero si tiene esa capacidad de la que os he hablado y que tiene que ver con lo más íntimo e intangible, que se queda muy adentro, pegado a los huesos.

Supongo que la mayoría la habéis visto y los que no aprovechad estas tardes lluviosas de otoño para poneros al día. La película es francesa 100%; huele a croissant y a baguette recién hecho, sabe a ‘cafe au lait’ junto al Sena y su protagonista es la quintaesencia de la parisina. 

Dirigida por Jean-Pierre Jeunet fue estrenada en 2001, ¡¡ ‘mon Dieu’ !! ya hace quince años??? La protagoniza una actriz desconocida en aquel tiempo llamada Audrey Tautou, desde entonces “ameliezada” para siempre.

Los franceses saben vender muy bien su cine y bajo el lema “elle va changer ta vie” (ella va a cambiar tu vida) fue un auténtico bombazo mundial. En resumen se trata de un cuento de hadas moderno en donde Amélie se dedica a hacer felices a los que le rodean, que dicho sea de paso, son bastante raritos. La protagonista se dedica pues a liberar de sus traumas a los personajes más extravagantes del barrio y lo hace de manera anónima, sin que nadie sospeche de esa ayuda ‘invisible’. Como en cualquier cuento que se precie también hay un príncipe, Nino, otro excéntrico que ayudará a Amelie a salir de su mundo interior, un mundo optimista pero también falso e ingenuo. Como ya os decía, esta película no tiene un gran guión, ni la trama es lo importante, tiene que ver más con sensaciones y la sensación que una tiene cuando acaba de verla es parecida a comerse unas gambas con su copa de vino, ligera y muy placentera a la vez, como para repetir, vamos!

Otra cosa que enganchante de esta peli es su puesta en escena. Como la mayor parte del cine de Jeunet, los colores que utiliza parecen salidos del cómic y resaltan el carácter de sus personajes, su estilo naïf me resulta muy cercano y cálido. Por cierto las ilustraciones del atrezzo de los decorados son del alemán Michael Sowa del que soy súper fan.


Con una imaginación desbordante la película nos lleva a un mundo irreal, a mi me recuerda mucho la mirada limpia que tenemos cuando niños, cuando somos inocentes y sensibles pero también vulnerables. 

Quien tuviera una Amélie a mano para esos días tristes o en los que no das una a derechas; mientras la inventan siempre nos quedará la otra, la de película, ya es algo!



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